Que hacer con tu pared.

Posted by on Feb 25, 2013 in Blog, Decoración, Interiorismo | One Comment

El color manipula el objeto. Es capaz de destacarlo, ampliarlo, disminuirlo. Altera sus propiedades. Pero si además se combinan diferentes tonalidades con las estaciones del año, es posible multiplicar sus infinitas posibilidades. Éstas son algunas propuestas.

 

La personalidad de cada color
Dentro de la gama de colores básicos, el rojo, con su aspecto intenso y seco, aumenta la presión arterial, según se ha demostrado científicamente. Entre sus propiedades positivas destacan la sensación de energía, calidez, fuerza y coraje físico. En exceso, puede degenerar en tensión, actitud desafiante, impacto visual y hasta agresión.

 

 

El naranja, brillante y luminoso, es estimulante y combina lo físico y lo emocional. Es un color divertido, asociado al juego, que potencia el confort físico y ofrece calidez, seguridad, sensualidad, pasión o abundancia. Si se abusa de él, puede generar inmadurez, privación o incluso frivolidad.

 

 

 

Un paso más allá lo ofrece el amarillo, color del sol. Mejora el ánimo y la autoestima; genera optimismo, confianza y sobre todo creatividad. Su exceso lleva a la irracionalidad y ansiedad, pasando por el temor, la fragilidad emocional o la depresión.

 

 

 

 

El verde es el color de la naturaleza, del equilibrio. Un lugar donde descansar la vista en armonía, renovación y paz. Su desproporción produce aburrimiento, estancamiento, insipidez e incluso debilitamiento.

 

En este mismo orden, el azul, asociado al cielo, al agua y hasta al frío hielo, calma la mente y mejora la concentración en sus tonos más suaves. Las acepciones más positivas se refieren a la inteligencia, comunicación, confianza, reflexión y calma. Es idóneo para dotar al ambiente de serenidad. Pero su lado más oscuro produce frialdad e indiferencia.

 

 

 

El color violeta alienta la meditación profunda, pero un uso excesivo puede generar demasiada carga introspectiva. Tiene matices espirituales y se asocia al lujo y la calidad de vida. Su abuso puede llevar a la decadencia y soledad.

 

 

 

El marrón, por su parte, aporta solidez y confianza, vinculado a la ayuda y apoyo. Confiere seriedad y calidez natural, pero también puede producir pesadez, dureza y falta de sofisticación. Se trata del color de la madera en sus múltiples variedades, por lo que en pintura decorativa ha de ser tratado con cuidado para no renunciar al efecto deseado.

 

 

 

El blanco es referente de luz y provoca una percepción ampliada del espacio y de los volúmenes existentes en su interior. Ofrece claridad, pureza, limpieza, higiene y cierto toque de eficiencia. Pero también es frío y puede dar sensación de elitismo.

 

 

Y su antagonista, el negro, se entiende como ausencia de color por absorber la luz. En pequeñas dosis puede ser sofisticado, seguro y protector, o signo de glamour. Pero también es opresivo, frío, y tiene una fuerte carga de ausencia de vida.

 

Es cierto que están muy de moda las decoraciones de paredes a doble color, pero hay que tener mucho cuidado con su uso. Casi todos los colores nombrados aquí deben estar muy bien escogidos, en espacios no muy reducidos si son colores vivos (rojos, naranjas, verdes lima..). Y sobre todo nuestra recomendación es que se combinen con colores neutros, como el blancos, beiges o grises claros.

Por último y lo más importante, es nuestra casa, o nuestro espacio de trabajo, quien va a verlo a diario somos nosotros, y a nosotros, ¿qué nos hace estar más cómodos? Ese es el color adecuado.

 

 

Hasta la próxima!

 

 

El texto está sacado de: Decorespacio
Y las fotografías son de Google

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